nunca a una recon- … niña enamorada de nuestro amigo,le pidió un día, ruborizándose, —divina inocencia de las mujeresenamoradas, — un rizo de sus ca-bellos, poniendo a Raúl en unasapreturas indecible,. ¡En verdadhabía para qué desesperarse! Pero, como suele ocurrir siem-pre en este mundo, el día menospensado el corazón…
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